GLOOMY SUNDAY: LA CANCIÓN DEL SUICIDIO

Existen historias que perduran a lo largo de los años sin desvanecerse. Casualidad o no, aquellas en las que aparece un elemento de muerte suelen ser las que más curiosidad suscitan y a la vez las que más interrogantes presentan. Este es el caso de Gloomy Sunday, más conocida durante más de 80 años como “La canción del suicidio”

En 1933, Laszlo Javor se sentó frente a su escritorio a escribir. Necesitaba sacar todo ese dolor que le estaba matando por dentro. Unos meses atrás, su novia se quitó la vida de repente, sin que ni él ni su familia pudiesen ni siquiera imaginarlo. Las razones nunca las supieron, pues en la nota que escribió antes de morir sólo había dos palabras: GLOOMY SUNDAY. 

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Durante los años 30, las noticias de suicidios relacionadas con la canción de Javor se sucedían. Gloomy Sunday se relacionó de manera directa o indirecta con 17 suicidios de jóvenes en ese tiempo, sobre todo en referencias que en las notas de suicidio hacían los suicidas de la canción. Incluso algunas personas, según se cuenta en los periódicos de la época, se llegaron a suicidar con la letra de la canción entre las manos. Es por ello que las autoridades húngaras prohibieron su difusión por radio, pero tal y como plantea el Efecto Streisand, se produjo el efecto contrario: La leyenda que giraba en torno a la pieza aumentó exponencialmente.

Gloomy Sunday fue traducida al francés, ruso y japonés, pero no fue hasta su aterrizaje en Estados Unidos en 1936 cuando su fama se disparó a nivel mundial gracias a una brutal campaña de marketing en la que se promocionaba “La canción húngara del suicidio”. La versión de Billie Holiday en 1941 fue quizás la que marcó la tendencia de las cerca de 80 que vinieron después. Su secreto: introducir un tempo lento que engarzaba a la perfección con una letra que, a diferencia de la versión húngara, ya hablaba explícitamente del suicidio.

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Pese a que no existe constancia documental, parece que en Estados Unidos continuó la tendencia de suicidios relacionados con Gloomy Sunday, hasta tal punto que se cuenta que también las autoridades norteamericanas pretendieron prohibirla. La gente contaba que aquel amante no correspondido por su amor que escuchara esta canción, correría a la ventana más cercana para arrojarse al vacío. El fenómeno era ya imparable. Todo el mundo quería escuchar Gloomy Sunday.

En 1968, el penúltimo capítulo de la historia de la “Canción del Suicidio” se escribió con sangre: Rezso Seress, pianista y compositor de la música de Gloomy Sunday, se suicidió en Budapest tirándose por una ventana. La sombra de la maldición de esas notas macabras volvía al recuerdo, y la fama de la pieza se disparaba de nuevo.

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¿Qué hay de cierto en la leyenda de Gloomy Sunday? ¿Fue todo una gran estrategia de marketing para que la canción traspasara fronteras? ¿Realmente murió tanta gente escuchándola? Lo cierto es que el subconsciente colectivo es muy sensible a ciertos estímulos como éstos, y tal vez la leyenda (puede que infundada) de provocar suicidios fue lo que realmente provocó todo lo que vino después. Pese a todo, dudo que nunca consigamos conocer la verdad. Pero mientras tanto, disfrutemos de la dulce tristeza que emanan las notas de Gloomy Sunday. Lejos de la ventana, a poder ser.

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