La fuerza de la palabra.

En realidad, la retórica ha usado siempre estas armas, de una u otra manera, más consciente o más instintiva. La novedad ahora es su irradiación de masas, su persistencia persuasiva, su profesionalidad manipuladora. Comentando esta situación, Bosetti cita a Bertrand Russell que decía que una de las tareas de la educación en democracia tenía que consistir en “hacer los ciudadanos inmunes a la elocuencia“. Hoy esto significa que hay que protegerse de la magia de las palabras y de las imágenes y rechazar el veneno compuesto por el cocktail diario (cuando la televisión o la radio son manipulados) de contenidos brutales y técnicas comunicativas sumamente sofisticadas

Raimon Obiols

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