Inteligencia Emocional

Sin duda, todos en la infancia hemos vivido nuestra etapa en la escuela como algo importante. Además de ser un contacto social muy intenso que comienza a definir al niño, también es la etapa del aprendizaje. ¿Quién no ha querido siempre ser el que mejores notas sacaba? Los profesores vendían que, sacar buenas notas, iba a servirnos para “tener un buen trabajo en el futuro”, o mil cosas más que no hacían sino motivarnos más y más para conseguir ese ansiado 10.

Sin embargo, mirando hacia atrás podemos ver que en la mayoría de los casos esto no se ha cumplido. El niño que empezó a leer el primero en clase y contestaba a todas las preguntas de la profesora, ahora trabaja como cajero en un supermercado, y el niño que se sabía la tabla de multiplicar sin cometer ni un fallo ahora trabaja en una ventanilla sellando papeles de 9:00 a 15:00. En cambio, esa niña que no destacaba con sus notas pero cuya curiosidad era excepcional y su tendencia al acercamiento social era palpable, es hoy una afamada empresaria con varios centenares de personas a su cargo. ¿Qué estamos enseñando en las escuelas? 

En psicología diferencial, la inteligencia ha sido uno de los constructos más estudiados, inducido más bien por esa obsesión de clasificar a todo ser viviente con una puntuación que lo distinguiese del resto. Autores como Binet o Terman fueron los impulsores de una corriente que consideraba la inteligencia como una cualidad estable, separada principalmente en habilidades verbales y manipulativas, cuya puntuación se resumía en un número llamado CI (o coeficiente intelectual).

Sin embargo, la experiencia nos muestra que, si definimos la inteligencia como la capacidad de un sujeto de solucionar los problemas y de adaptarse a su entorno, la inteligencia es mucho más que el CI. Desde Sternberg con su teoría triárquica de la inteligencia (analítica, sintética y creativa) hasta Gardner con sus 7 tipos de inteligencias (ampliándolas luego a incluso 20) dieron otro enfoque a la manera de entender qué se puede considerar inteligencia y qué no. ¿Acaso una bailarina no posee una inteligencia prodigiosa en la manera en la que maneja su propio cuerpo? ¿Cómo definir la inteligencia que ayudó a que Sigmund Freud reflexionara sobre sus propios sentimientos y pensamientos, y planteara su teoría psicoanalítica? Queda claro que las teorías del CI dejaban mucho sin explicar, cayendo en un reduccionismo que dejaba sin abarcar una gran parte de la conducta humana.

También David Goleman plantea un tipo de inteligencia llamado inteligencia emocional. Capacidades como la empatía, la capacidad de entender al otro o la capacidad para identificar y manejar los propios sentimientos son habilidades que nos ayudan a ajustarnos mejor a nuestro entorno, y que sin embargo no aparecen en ningún currículo académico. En su obra, David Goleman afirma que, en varios estudios, se ha confirmado que una mayor puntuación de CI y unas mejores notas no son para nada indicadores de felicidad en un futuro. ¿Debemos seguir enseñando listas interminables que se desvanecerán de la cabeza de los niños, mientras siguen sin saber sentir? La ciencia ha dado suficientes pruebas empíricas para realizar una profunda reforma en la manera en que se enseña en las escuelas, y conseguir formar a personas más plenas y con un repertorio de conductas y de solución de problemas mucho más rico.

Para finalizar, escribo una cita de Howard Gardner (el autor de las inteligencias múltiples), sacada del libro Inteligencia Emocional de David Goleman:

“Ha llegado ya el momento de ampliar nuestra noción de talento. La contribución más evidente que el sistema educativo puede hacer al desarrollo del niño consiste en ayudarle a encontrar una parcela en la que sus facultades personales puedan aprovecharse plenamente y en la que se sientan satisfechos y preparados. Sin embargo, hemos perdido completamente de vista este objetivo y, en su lugar, constreñimos por igual a todas las personas a un estilo educativo que, en el mejor de los casos, les proporcionará una excelente preparación para convertirse en profesores universitarios. Y nos dedicamos a evaluar la trayectoria vital de una persona en función del grado de ajuste a un modelo de éxito estrecho y preconcebido. Deberíamos invertir menos tiempo en clasificar a los niños y ayudarles más a identificar y a cultivar sus habilidades y sus dones naturales. Existen miles de formas de alcanzar el éxito y multitud de habilidades diferentes que pueden ayudamos a conseguirlo”

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