La crueldad de los dioses

Samwell_Tarly_by_Amoka©

-Aquello es la costa de Dorne. Arena, rocas y escorpiones, y ni un lugar bueno para anclar en cientos de leguas. Si quieres puedes ir nadando, y luego llegar a pie hasta Antigua. Tendrás que atravesar el desierto, escalar unas cuantas montañas y cruzar a nado el Torentine. O puedes ir con Elí.

-No lo entiendes. Anoche…

-Anoche honrasteis a vuestros muertos, a los dioses que os crearon a los dos. Los ponientis os avergonzáis del amor. El amor no tiene nada de vergonzoso, y si los septones os dicen que sí, es que vuestros siete dioses son unos demonios. En las Islas sabemos que no es así. Nuestros dioses nos dieron piernas con las que correr, narices con las que oler, manos con las que tocar y acariciar. ¿Qué dios loco y cruel le daría ojos a un hombre y luego le diría que los tuviera siempre cerrados, que no contemplara nunca toda la belleza que hay en el mundo? Sólo un dios monstruoso, un demonio de la oscuridad. -Kojja puso la mano entre las piernas de Sam-. Los dioses también te dieron esto para algo. Así que ve con ella, o empieza a nadar.

#JuegoDeTronos

Lo que hago cuando las cosas no me van bien.

“Cuando las cosas no me van bien, me gusta pensar en el picapedrero que ha golpeado su piedra mil veces, sin conseguir más que una leve fractura. Pero a la mil y una, la piedra al fin se parte. Y yo sé que no la rompió la fuerza del último golpe, sino la constancia de los mil anteriores.”

 

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(Frase que cuelga del vestuario de los San Antonio Spurs, campeones de la NBA de 2014)

3 principios de psicología para asegurar la eficacia de tus presentaciones

ImagenFíjate. Delante de ti. Personas que tienen una necesidad que tú puedes cubrir. Oídos deseosos de devorar una historia, de que captes su atención. Los conoces, y por eso sabes qué esperan de ti, cuáles son sus puntos débiles y qué recursos pueden hacer que se emocionen, que se active el “click” en su mente les induzca a cambiar. ¿Presentaciones? No, estoy hablando de psicología. Sin embargo, ambos mundos no están tan alejados.

La responsabilidad del psicólogo es tremenda debido a las implicaciones que tiene el hecho de que una terapia sea exitosa o no. Pero también en una presentación nos jugamos el beneficio de nuestra audiencia, en ocasiones en temas bastante decisivos. Por ello, al igual que la psicología aplica las mejores técnicas disponibles para así favorecer el mejor resultado para el paciente, también nuestras presentaciones deberían utilizar estas herramientas para asegurarse de cumplir sus objetivos.

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El poder de las historias.

«A ciegas, fue resbalando por la humedad del túnel apoyándose en los ásperos adoquines de las paredes. Le parecía percibir murmullos o tal vez el eco de un griterío lejano.Al vislumbrar un punto luminoso, se arrastró hacia él, protegiéndose los ojos con las manos. Con cada avance, el ruido y la luz se hacían más insoportables. A punto estaba de retroceder cuando de la cegadora mancha amarilla que era toda su visión emergió una figura. De un empujón, fue arrojado de bruces a la arena. Imagen

Mientras trataba de incorporarse percibió que olía a sangre recién derramada y comenzó a distinguir el rugir del público del de las fieras. Pisó algo que le hizo caer de nuevo. Al retirarlo, descubrió horrorizado que era el despojo de la mano de su compañero, el orador, con su dedo índice todavía erguido. Poco a poco fue distinguiendo los cadáveres del filósofo, del trovador, del poeta y de los demás compañeros de mazmorra. En las gradas, el público mordisqueaba muslos de pollo, bebía cerveza y charlaba animadamente sin prestar atención a los soldados que, en el foso, iban ajusticiando uno por uno a los prisioneros quienes, entre largas súplicas, argumentos y razones, ya no resultaban útiles para el espectáculo.

Tragando arena y miedo, caminó al centro del foso y retiró varios cadáveres para hacerse sitio. En silencio, barrió la totalidad de la grada con su mirada y, sólo tras reunir todo el aire que eran capaces de almacenar sus pulmones, lo rompió para gritar:

—¡Érase una vez…!

Las gradas del circo enmudecieron de inmediato, la orquesta dejó de sonar y la muchedumbre se dispuso a escuchar a aquel hombrecillo del foso.»

(Gladiadores – Antonio Núñez)

 

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Las muertes que causó el cine sonoro.

Sin mirarme, la señorita Wright me preguntó si yo había oído hablar alguna vez de una actriz llamada Norma Talmadge.

-¿Y de Vilma Bànky? ¿Y de John Gilbert? ¿De Karl Dane, de Emil Jannings?

Con sus pestañas falsas aumentadas con rimel, y sin parpadear, la señorita Wright me contó que Norma Talmadge había sido una estrella del cine mudo. La número uno en taquilla del año 1923. Recibía tres mil cartas de fans cada semana. En 1927 fue aquella tal Norma la que pisó por accidente una parcela de cemento fresco delante del Teatro Chino de Grauman’s e inauguró la tradición esa de que todas las estrellas de cine dejen alí las huellas de las manos y los pies.

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Un par de años después, Hollywood empezó a rodar películas con sonido. Pese a pasar un año trabajando con un instructor de voz, Norma Talmadge abría la bocaza y le salía un berrido estridente de Brooklyn. La gran estrella John Gilbert soltaba sus líneas con una vocecilla aguda de canario. Mary Pickford soltaba unos graznidos graves de camionero. A Vilma Bànky se le perdía el diálogo en su acento húngaro. A Emil Jannings en su acento alemán; a Karl Dane se le ahogaban sus palabras en su espeso acento danés.

-John Gilbert no volvió a hacer ninguna película. Se alcoholizó hasta morir a los 37 años. Karl Dane se pegó un tiro.

Todas esas estrellas, los actores más poderosos del cine, desaparecieron en un instante. Créetelo. Lo que el cine sonoro les hizo a las carreras de aquella gente, me dijo la señorita Wright, fue lo mismo que la Alta Definición le estaba haciendo ahora a la generación del porno. Transmitiendo demasiada información, una sobredosis de verdad. De pronto el maquillaje ya no se parecía a la piel. El pintalabios parecía grasa roja. La base de maquillaje, una mano de estucado. Las irritaciones del afeitado y los pelos enquistados eran como la lepra. Como esas estrellas masculinas tipo macho que resultan ser maricas… o esos actores de cine mudo cuyas voces sonaban horribles al grabarlas. El público solo quiere una cantidad limitada de sinceridad. Créetelo.

Chuck Palahniuk – Snuff